jueves, 2 de abril de 2015

OTRA LECTURA DE PEPE COLOQUIOS

                           
Publicado en Búsqueda en enero del 2006

   Cuando hace cinco años Mujica llegó al Palacio Legislativo en motoneta para ocupar su banca en el Senado y el policía de la puerta no lo quería dejar entrar por su aspecto zaparrastroso, el pueblo lo adoró, y le ha sido fiel hasta ahora.
   Compré hace unos días el libro Pepe Coloquios porque quería conocer  de primera mano lo que realmente había dicho el probable Presidente de la República.  Quería saber hasta qué punto la oposición  había sacado algunas frases fuera de contexto, o si en cambio eran sustancialmente ciertas. También me intrigaba el hecho de que Mujica hubiera renegado un poco de las circunstancias de la publicación, como si estuviera arrepentido.
   En verdad lo más llamativo del libro es que se trata de una extraordinaria autocrítica como jamás se había hecho desde adentro de la izquierda,  escrita por uno de sus máximos dirigentes y  en pleno período electoral.
   Mujica arremete con su lenguaje florido contra todos los temas tabúes de la izquierda: el Estado paternalista, la burocracia sindical, los holgazanes de las oficinas públicas, los curros de las ONGs, la tecnocracia, los gestores que medran con la ignorancia, los seminarios en hoteles de lujo para hablar y hablar de los pobres, la decrepitud del leninismo y la revolución cubana, etc.


   Pero quizás lo más importante de Pepe Coloquios es la transformación de un revolucionario de los sesenta a un profundo  y  convencido socialdemócrata. A continuación se transcriben algunos párrafos selectos:
    “Mi utopía tiene que ver con el socialismo. Es lo otro, es el desarrollo de un frente, lo que  se pueda, de carácter autogestionario. Que no entre en la lucha sino que participe en la sociedad del mercado y que vaya generando gente que no abdica del socialismo, que vive en una economía de mercado y que lleva adelante proyectos generadores de riqueza, pero que no entra en la explotación del hombre por el hombre. Así nomás.”
   “Ya no estamos en la discusión de las vías, en el camino, estamos tácitamente de acuerdo, por  eso somos frentistas. Estamos apostando a transformaciones dentro de la democracia liberal, ¿no? Estamos en eso, porque si no, somos una contradicción con patas”
   “Por qué estamos en eso?  Porque tácitamente creemos que hay una vía. Algunos piensan, con honradez, que el capitalismo se puede ir mejorando, amortiguando sus contradicciones, está bien. Otros pensamos que el capitalismo tiene que funcionar lo mejor posible y ayudar a enriquecer, conceptualmente, cultural y científicamente, a la sociedad”.
   “A su vez, tratamos de  crear, dentro de la sociedad, espacios socialistas que vayan acumulando fuerza, pero no desatar un cataclismo, sino contribuir también, por esa vía, a enriquecer la sociedad desde el punto de vista material y cultural.”
     “Yo soy socialista y creo en el socialismo como una necesidad de sobrevivencia de la humanidad,  de culturas, pero  no lo veo a través de un Estado que se pone a construir el socialismo…. No puedo a esta altura   separar la idea del socialismo de la idea de  libertad.  La idea del Estado construyendo tiene inevitablemente, aunque no  quiera, un algo de autoritarismo determinante…….más bien veo el proceso       socialista como una construcción paralela, competitiva y emulativa, gradual,   de la organización del trabajo u otros caminos…”
          “He ido dejando por el camino algunas cosas…no se puede construir una sociedad  mejor si previamente no construís una sociedad rica, culta y con  conocimiento….Construir una sociedad rica, culta y con conocimiento no  necesariamente te va a llevar al socialismo, esa es otra historia. De ahí el papel         de la   política, que lo reivindico.”

                            “Creo que es lo que queda, el fenómeno socialdemócrata, el grueso de la                     izquierda del mundo más o menos rumbea todo por ahí. Al fin y al cabo, acá se  presenta esa cobardía intelectual, que asumimos. Todos los que fuimos jóvenes  hace treinta, cuarenta años, vivimos aquélla discusión: reformismo, revolución,  todo lo demás. Resulta que las revoluciones en general se fueron al carajo, no  quedó ni ceniza. Con la reforma no construyeron ningún país excepcional. Ahora: en general se come mejor y se duerme mejor en donde hicieron reforma. Para  los que abrazamos el credo revolucionario no es muy placentero decir esto, pero es la discusión que tenemos con Lula. Lula dice: sí, sí, pero hay cincuenta  millones de tipos que viven mucho mejor. ¿Eso es una revolución? Sí, en los                        hechos, sí. Para el que no comía, seguro que es una revolución.”
                           “Todo está en el concepto que tenemos de revolución. Ahora, de lo que yo                        no puedo abdicar en mi credo interno es de la visión socialista y estoy lejos de  tragarme la pastilla de que el capitalismo puede ser más tierno. No, el  capitalismo es como es y chau, me parece. Está basado en una concepción del  hombre dirigido y del hombre manejado, sencillamente. Por ahora ha tenido más                  éxito económico, está bien, es así. Pero pienso que el hombre tiene  potencialidad para construir una cosa un poco mejor y que es posible.”

                  “…creo que hay mucho para trabajar en el campo de las ciencias, pero la                                   política   que venga tiene que tener una base mucho más científica del punto de  vista antropológico, en la preocupación de lo que es el hombre. Nosotros le  dimos demasiada importancia a lo que vino después: las clases sociales; pero no le dimos importancia al hombre. Entonces, ciertas categorías que existen  y que      las transformamos en abstracciones, las transformamos en la médula de nuestro  análisis, pero no tuvimos en cuenta al actor. Las clases sociales son producto de  la especialización del trabajo y todo lo que viene después, pero no resuelve el  problema de la criatura. No da respuesta, no ilumina.”
                           “Nosotros vimos el fin de la Unión Soviética, la construcción de la                                     esperanza, de la alternativa; vimos cómo murió. Porque yo en mi fuero interno  sigo siendo socialista, no tengo claro por dónde va a sacar la cabeza el pato, esa  es otra cosa, y no me como la pastilla de la década del sesenta ni nada de eso,  pero mirá cómo vinimos a morir .”

                          Después de leer Pepe Coloquios  pienso que la publicación fue absolutamente                                         deliberada, y que el  Pepe puede o quiere pasar a la historia  como  el gran reformador ideológico de la izquierda, sabiendo que si bien desde la   Presidencia   tiene una muy buena tribuna para difundir sus ideas, será  poco lo  que pueda  hacer como jefe del Ejecutivo.






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