lunes, 6 de abril de 2015

EL MARXISMO COMO RELIGIÓN

EL MODERNISMO Y LA IDEA DEL PROGRESO
Hasta los conservadores de hoy admiten que el edificio teórico que construyó Marx en torno a las leyes que supuestamente rigen la sociedad, ha sido tan importante en la época moderna como lo fue Freud en Psicología y Einstein para la ciencia. Estos tres grandes modelos de pensamiento se desarrollaron en el contexto general de lo que hoy llamamos modernismo. El modernismo se caracterizó por una fe ilimitada en la idea lineal del progreso, en la expansión indefinida  de la revolución industrial, en la ciencia y la tecnología como remedios a los males de este mundo, y en el ascenso general de las masas para compartir por fin  los bienes terrenales en condiciones  igualdad y  democracia.


Marx
No es de extrañar que en este contexto se pensara que la religión desaparecería lentamente ante el avance inexorable de la modernidad. La ciencia explicaría el origen del Universo y la vida, y atacaría de frente al dolor y la enfermedad. La psicología ayudaría a resolver los conflictos internos del alma y la sed del hombre por reencontrar la unidad perdida. La tecnología multiplicaría los bienes al infinito. La libre empresa, o el socialismo, esas dos posibles caras de la Revolución Industrial, repartirían la riqueza en el marco de la igualdad democrática.
Si la religión había sido una respuesta a las grandes interrogantes de la existencia y un consuelo ante la injusticia, el dolor, la enfermedad y la muerte, al eliminarse sus bases de sustento se extinguiría lentamente, ocupando su lugar la gran ideología del progreso. El marxismo fue aún más lejos: denunció a la religión como el opio de los pueblos, como un instrumento ideológico de dominación para mantener el orden social establecido y para que los oprimidos no buscaran en este mundo su felicidad postergada.
Freud

EL FANTASMA QUE RECORRIO EUROPA
Irónicamente el marxismo, al intentar dar respuestas totalizadoras a todas las interrogantes filosóficas, sociales y existenciales, que eran la materia prima de la religión, pasó a jugar el papel de una religión alternativa. Quiso destruir la religión invadiendo sus terrenos, y al hacerlo, en lugar de destruir  la religión se transfiguró en su espejo, en una religión nueva.
No importó profundizar demasiado en si la culpa de ello estaba en la teoría o en los hombres que la llevaron a la práctica. El marxismo decretó la muerte de los dioses, pero no pudo eliminar el fervor religioso de su secta. El marxismo se presentó a sí mismo, o por lo menos se interpretó, divulgó y popularizó con las características propias de una religión tradicional y completa.
El discurso principal del marxismo se parece muchísimo al conjunto de creencias y verdades reveladas de toda religión: el hombre del Neolítico vivía en el Edén, en una especie de comunismo primitivo, cazando y recolectando frutos en comunión con la naturaleza. Luego vino el conocimiento, la división del trabajo, las jerarquías, y la lucha de clases a lo largo de la historia: esclavitud, feudalismo, capitalismo. Finalmente aparecería el mito del héroe, encarnado esta vez en el proletariado, y en nombre de la redención de todas las clases oprimidas a lo largo de la historia, lucharía  y mataría al último de los monstruos: el capitalismo. En la lucha el proletariado muere, pero renace en la sociedad sin clases, en la sociedad comunista, cerrando el círculo mítico.
einstein

La validez de la doctrina no se apoyó en revelaciones sobrenaturales, sino en la certidumbre del método científico. La entidad metafísica, propia de todas las religiones, no era Dios sino la Historia. Según el marxismo, la Historia tenía una dinámica propia e inexorable, superior a la voluntad de los hombres. A lo largo de las etapas de la historia, las fuerzas productivas (por ejemplo las tecnologías) crecen y chocan con las relaciones de producción (por ejemplo la propiedad privada), que son una especie de zapato que va quedando chico, o camisa de fuerza que impide el desarrollo de las fuerzas productivas. Tarde o temprano, éstas desbordan a aquéllas y se producen los cambios revolucionarios que dan lugar a los nuevos sistemas sociales.
De acuerdo con la idea modernista del progreso lineal, cada etapa histórica es ligeramente mejor que la anterior. El feudalismo liberó a los esclavos, pero impuso la servidumbre. El capitalismo eliminó la servidumbre pero creó el proletariado. Al capitalismo, última etapa de la cadena de explotación, se le concedió el mérito de expandir enormemente el desarrollo de las fuerzas productivas, de sentar las bases teóricas de la igualdad democrática, pero sobre todo, el mérito de engendrar en su seno la clase que lo mataría  y acabaría para siempre con la explotación.
Mao

El proletariado, porque no tenía nada que perder, era el agente elegido por la Historia para conducir la lucha contra el capitalismo e implantar para siempre la sociedad sin clases. El proletariado y su vanguardia, la comunidad de creyentes, adeptos y miembros de la secta, el partido comunista, tenía el papel de “partera” de la nueva sociedad: asistir, acelerar y facilitar el alumbramiento de la sociedad sin clases y realizar finalmente la voluntad de la Historia.
Marx fue el profeta o fundador de la nueva religión, puesto que fue el fundador de la sociología científica, el primer hombre a quien se le revelan con certeza las ocultas e inexorables leyes que rigen la Historia. Antes la Historia habría sido una confusa avalancha de batallas, fechas y hazañas de pueblos conducidos por líderes caprichosos, sin dirección ni sentido. Marx, con la certidumbre aparente del método científico, mecanicista, del siglo XIX, descubre el secreto hilo conductor que rige la Historia, y que inexorablemente desembocará en la sociedad socialista, tal como la manzana de Newton caía con la aceleración de la gravedad.
La sencillez de esta doctrina y su explosiva mezcla de idealismo y racionalidad, ejercieron un atractivo irresistible sobre las masas populares y los intelectuales de buena parte del mundo. El paradigma socialista se propagó como fuego en un plazo de tres generaciones, la tercera parte de la población mundial lo puso en práctica como sistema político y los partidos marxistas en los cinco continentes afiliaron a cien millones de creyentes.
lenin

LAS TRES CARAS RELIGIOSAS DEL MARXISMO
El primer acto de fe religiosa más notable del marxismo, fue la parte del dogma que predijo que con el advenimiento del comunismo se terminaría para siempre la lucha de clases. El premio de la revolución socialista era la liberación de la humanidad de toda explotación por los siglos de los siglos. Era la conquista del paraíso, el retorno al Edén que cierra el círculo mítico.
Si toda la historia se había comportado en forma dialéctica, con una y otra clase derrocando violentamente a la anterior y resistiendo violentamente a la naciente, el proletariado en el poder, al eliminar la propiedad privada e instaurar el comunismo, terminaría milagrosamente con el ciclo de la lucha de clases, que era precisamente la dinámica principal de la Historia. La contradicción de la doctrina parece ser flagrante, pero nadie dudó de la grandiosidad de la meta que justificaba el sacrificio, la persecución y la muerte de los creyentes en la etapa de expansión.
El segundo acto de fe más notable del marxismo y que conjuntamente con el anterior conducirían al comunismo a su prematuro desastre, lo introdujo Lenin, y fue el que el comunismo se podía construir en un país atrasado. Él se dio cuenta que las potencias capitalistas de occidente, merced a sus políticas imperialistas, exportaban sus contradicciones de clase a la periferia. Las plusvalías extraídas de las colonias servían para apaciguar los ímpetus de rebelión de las clases trabajadoras metropolitanas. Por lo tanto la cadena se rompería en sus eslabones más delgados, en las colonias oprimidas por las potencias europeas.
Lenin no sólo predijo este corrimiento de la revolución hacia la periferia, sino que diligentemente lo llevó a la práctica, en Rusia. El comunismo se impuso entonces en países que siempre fueron despóticos aunque tuvieran cierto grado de desarrollo industrial, pero que no habían pasado por la experiencia de la democracia burguesa.
Lenin estaba proponiendo, y logrando, saltear una de las etapas de la historia. ¿Por qué someter al proletariado a sufrir la etapa de acumulación del capital bajo la opresión burguesa, cuando se podía realizar bajo el socialismo? En cuanto se propagara el comunismo en todo el mundo, esa discreta zancadilla a la Historia quedaría relegada al anecdotario de la Revolución.
Quienes advirtieron que construir el “socialismo científico” en un país atrasado y despótico era repartir la pobreza y una invitación al autoritarismo, fueron excomulgados de la secta por falta de fe y convicción revolucionaria. Tan grandioso era el paraíso prometido y tan poderosa la fe, que nadie hizo caso a los nuevos herejes.


stalin
El propio Marx había previsto  una etapa de transición que debía durar apenas el tiempo que llevara destruir el capitalismo. Se llamó la “dictadura del proletariado”, y consistía precisamente en desmantelar el estado burgués, su ejército, sus leyes de explotación, su prensa, su ideología, en fin, su aparato global de dominación.
Una vez muerto el dragón, la dictadura del proletariado se iría extinguiendo hasta formarse una asociación libre de productores y consumidores en la sociedad comunista sin clases.
Pero la Historia también enseñaba que la clase a derrocar se defendería con extrema violencia. En efecto, el capitalismo amenazado de muerte por la nueva religión, se defendió con uñas y dientes y difamó, cercó, saboteó, atacó a los países comunistas y persiguió, encarceló, torturó y fusiló a centenares de miles de revolucionarios en sus metrópolis y en sus colonias, y logró detener el avance del comunismo. La Historia, deidad caprichosa al fin, no había entregado todos sus designios, o no estuvo de acuerdo con que el proletariado se salteara por su cuenta el obstáculo final: la etapa democrático burguesa.
El cerco capitalista obligó a las dictaduras del proletariado a prolongarse indefinidamente. El Estado totalitario, lejos de extinguirse, ocupó todos los órdenes de la sociedad y consolidó en el poder una nueva clase, la burocracia del Partido.
La dictadura que debía ser provisoria se institucionalizó en forma de Iglesia, con sus textos sagrados (El Capital), sus intérpretes infalibles: Lenin, Stalin, Mao, Fidel,  quienes por ser los primeros en conducir la secta al poder, adquirieron estatura de héroes mitológicos, y sus escritos y discursos pasaron a formar parte del credo en cuestiones de filosofía, de táctica y estrategia, de normas de ética y conducta, con la autoridad fundamentalista que emanaba de su rol de apóstoles.
Así la experiencia de la lucha de Lenin entre la caída del Zar y la dictadura de los Soviets quedó incorporada a la doctrina general como texto sagrado. La simplificación histórica de atribuir el rol protagónico de la lucha de clases solamente a la burguesía y el proletariado, y el consiguiente desprecio por las clases medias, reforzó el papel mesiánico de una minoría iluminada y acentuó el desdén de los comunistas por la etapa capitalista democrático-burguesa.
Este fue el tercer elemento irracional más notable del leninismo. En la doctrina había  quedado explícitamente establecido que el partido comunista (como representante del proletariado) se avendría a aliarse con las clases medias, reconociendo por fin su importancia para luchar contra la gran oligarquía y el imperialismo, y recorrer juntos la etapa democrático burguesa. Lo notable es que la doctrina también estableció que la etapa democrático-burguesa podía  y debía  ser lo más corta posible, algunos años como en Rusia y Cuba. Esto fue una típica ironía postmodernista, donde la clase media fue invitada a luchar contra el sistema capitalista, pero haciéndole saber de antemano que a mitad de camino sería hecha a un lado por la revolución socialista: en el fragor de la lucha los marxistas instaurarían la dictadura del proletariado y someterían a las clases medias que habrían sido sus compañeras de ruta.
fidel
Esta extraordinaria paradoja, (que merece una reflexión más pormenorizada), jamás fue objeto de discusión en el seno de la nueva Iglesia, y el fracaso sistemático de los frentes populares y las coaliciones electorales para construir el socialismo, se atribuyó una vez más a la inconsistencia de las clases medias, al sabotaje enemigo, al cerco capitalista, pero nadie se animó a señalar la inmoral falacia.
Los crímenes de Stalin, la invasión de Hungría, la destrucción de la cultura tibetana, la invasión de Praga, la Revolución cultural china, la invasión de Afganistán, el fracaso económico, político y cultural de los países comunistas terminaron por convencer a vastos sectores sociales en todo el mundo, que el sacrificio no valía la pena. En la década de los ochenta, el socialismo científico como religión secular entró en agonía.
El vacío político y espiritual dejado por la muerte de la religión marxista que duró cien años, fue rápidamente ocupado por las antiguas religiones tradicionales. Las etnias y nacionalidades del pasado rebrotaron en renovada búsqueda de identidad, el capitalismo recobró su segunda pujanza en la cuenca del Pacífico, y el socialismo intenta recobrar su ideal democrático y libertario en los propios países donde se encarnó.

CONCLUSIONES

El marxismo-leninismo se presentó como sociología científica, en el marco del modernismo y la fe en el progreso lineal de la Historia pero albergando en su seno fuertes elementos utópicos mezclados con fundamentos racionales, y dispuesto a desplazar a las religiones. Se adoptó, popularizó, divulgó como una nueva religión, con sus textos sagrados, sus profetas, su Iglesia, su comunidad de creyentes, mártires, templos, códigos de conducta, excomuniones, todo gobernado por una nueva entidad metafísica: La Historia.
Sus elementos de fe más notables y que condujeron a su extraordinario desarrollo, pero también a su decadencia, fueron:
-La creencia de que con el comunismo vendría el fin de la lucha de clases por los siglos de los siglos.
-La creencia de que mediante la dictadura del proletariado era posible construir el comunismo en países pobres  salteándose la etapa histórica de la democracia burguesa.
-La creencia de que se podía invitar a las clases medias a recorrer ese camino y después hacerlas a un lado.

En cuanto el capitalismo resistió el ataque y obligó a los primeros países comunistas a prolongar la dictadura del proletariado, el comunismo entró en su fase apocalíptica, cometiendo todo tipo de atropellos y abusos que aceleraron su caída como paradigma político religioso.

Artículo publicado en “Z”, de Uruguay, en enero de 1990





















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