EL MODERNISMO Y LA IDEA DEL PROGRESO
Hasta los conservadores de
hoy admiten que el edificio teórico que construyó Marx en torno a las leyes que
supuestamente rigen la sociedad, ha sido tan importante en la época moderna
como lo fue Freud en Psicología y Einstein para la ciencia. Estos tres grandes
modelos de pensamiento se desarrollaron en el contexto general de lo que hoy
llamamos modernismo. El modernismo se
caracterizó por una fe ilimitada en la idea lineal del progreso, en la
expansión indefinida de la revolución
industrial, en la ciencia y la tecnología como remedios a los males de este
mundo, y en el ascenso general de las masas para compartir por fin los bienes terrenales en condiciones igualdad y democracia.
No es de extrañar que en
este contexto se pensara que la religión desaparecería lentamente ante el
avance inexorable de la modernidad. La ciencia explicaría el origen del
Universo y la vida, y atacaría de frente al dolor y la enfermedad. La
psicología ayudaría a resolver los conflictos internos del alma y la sed del
hombre por reencontrar la unidad perdida. La tecnología multiplicaría los
bienes al infinito. La libre empresa, o el socialismo, esas dos posibles caras
de la Revolución
Industrial , repartirían la riqueza en el marco de la igualdad
democrática.
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| Marx |
Si la religión había sido
una respuesta a las grandes interrogantes de la existencia y un consuelo ante
la injusticia, el dolor, la enfermedad y la muerte, al eliminarse sus bases de
sustento se extinguiría lentamente, ocupando su lugar la gran ideología del
progreso. El marxismo fue aún más lejos: denunció a la religión como el opio de
los pueblos, como un instrumento ideológico de dominación para mantener el
orden social establecido y para que los oprimidos no buscaran en este mundo su felicidad
postergada.
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| Freud |
EL FANTASMA QUE RECORRIO EUROPA
Irónicamente el marxismo,
al intentar dar respuestas totalizadoras a todas las interrogantes filosóficas,
sociales y existenciales, que eran la materia prima de la religión, pasó a
jugar el papel de una religión alternativa. Quiso destruir la religión
invadiendo sus terrenos, y al hacerlo, en lugar de destruir la religión se transfiguró en su espejo, en
una religión nueva.
No importó profundizar
demasiado en si la culpa de ello estaba en la teoría o en los hombres que la
llevaron a la práctica. El marxismo decretó la muerte de los dioses, pero no
pudo eliminar el fervor religioso de su secta. El marxismo se presentó a sí
mismo, o por lo menos se interpretó, divulgó y popularizó con las características
propias de una religión tradicional y completa.
El discurso principal del
marxismo se parece muchísimo al conjunto de creencias y verdades reveladas de
toda religión: el hombre del Neolítico vivía en el Edén, en una especie de
comunismo primitivo, cazando y recolectando frutos en comunión con la
naturaleza. Luego vino el conocimiento, la división del trabajo, las
jerarquías, y la lucha de clases a lo largo de la historia: esclavitud,
feudalismo, capitalismo. Finalmente aparecería el mito del héroe, encarnado
esta vez en el proletariado, y en nombre de la redención de todas las clases
oprimidas a lo largo de la historia, lucharía
y mataría al último de los monstruos: el capitalismo. En la lucha el
proletariado muere, pero renace en la sociedad sin clases, en la sociedad
comunista, cerrando el círculo mítico.
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| einstein |
La validez de la doctrina
no se apoyó en revelaciones sobrenaturales, sino en la certidumbre del método
científico. La entidad metafísica, propia de todas las religiones, no era Dios
sino la Historia. Según
el marxismo, la Historia
tenía una dinámica propia e inexorable, superior a la voluntad de los hombres.
A lo largo de las etapas de la historia, las fuerzas productivas (por ejemplo
las tecnologías) crecen y chocan con las relaciones de producción (por ejemplo
la propiedad privada), que son una especie de zapato que va quedando chico, o
camisa de fuerza que impide el desarrollo de las fuerzas productivas. Tarde o temprano,
éstas desbordan a aquéllas y se producen los cambios revolucionarios que dan
lugar a los nuevos sistemas sociales.
De acuerdo con la idea
modernista del progreso lineal, cada etapa histórica es ligeramente mejor que
la anterior. El feudalismo liberó a los esclavos, pero impuso la servidumbre.
El capitalismo eliminó la servidumbre pero creó el proletariado. Al
capitalismo, última etapa de la cadena de explotación, se le concedió el mérito
de expandir enormemente el desarrollo de las fuerzas productivas, de sentar las
bases teóricas de la igualdad democrática, pero sobre todo, el mérito de
engendrar en su seno la clase que lo mataría
y acabaría para siempre con la explotación.
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| Mao |
El proletariado, porque no
tenía nada que perder, era el agente elegido por la Historia para conducir la
lucha contra el capitalismo e implantar para siempre la sociedad sin clases. El
proletariado y su vanguardia, la comunidad de creyentes, adeptos y miembros de
la secta, el partido comunista, tenía el papel de “partera” de la nueva
sociedad: asistir, acelerar y facilitar el alumbramiento de la sociedad sin
clases y realizar finalmente la voluntad de la Historia.
Marx fue el profeta o
fundador de la nueva religión, puesto que fue el fundador de la sociología
científica, el primer hombre a quien se le revelan con certeza las ocultas e
inexorables leyes que rigen la Historia. Antes la Historia habría sido una
confusa avalancha de batallas, fechas y hazañas de pueblos conducidos por
líderes caprichosos, sin dirección ni sentido. Marx, con la certidumbre
aparente del método científico, mecanicista, del siglo XIX, descubre el secreto
hilo conductor que rige la
Historia , y que inexorablemente desembocará en la sociedad
socialista, tal como la manzana de Newton caía con la aceleración de la
gravedad.
La sencillez de esta
doctrina y su explosiva mezcla de idealismo y racionalidad, ejercieron un
atractivo irresistible sobre las masas populares y los intelectuales de buena
parte del mundo. El paradigma socialista se propagó como fuego en un plazo de
tres generaciones, la tercera parte de la población mundial lo puso en práctica
como sistema político y los partidos marxistas en los cinco continentes
afiliaron a cien millones de creyentes.
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| lenin |
LAS TRES CARAS RELIGIOSAS DEL MARXISMO
El primer acto de fe
religiosa más notable del marxismo, fue la parte del dogma que predijo que con
el advenimiento del comunismo se terminaría para siempre la lucha de clases. El
premio de la revolución socialista era la liberación de la humanidad de toda
explotación por los siglos de los siglos. Era la conquista del paraíso, el
retorno al Edén que cierra el círculo mítico.
Si toda la historia se
había comportado en forma dialéctica, con una y otra clase derrocando
violentamente a la anterior y resistiendo violentamente a la naciente, el
proletariado en el poder, al eliminar la propiedad privada e instaurar el
comunismo, terminaría milagrosamente con el ciclo de la lucha de clases, que
era precisamente la dinámica principal de la Historia. La
contradicción de la doctrina parece ser flagrante, pero nadie dudó de la
grandiosidad de la meta que justificaba el sacrificio, la persecución y la
muerte de los creyentes en la etapa de expansión.
El segundo acto de fe más
notable del marxismo y que conjuntamente con el anterior conducirían al
comunismo a su prematuro desastre, lo introdujo Lenin, y fue el que el
comunismo se podía construir en un país atrasado. Él se dio cuenta que las
potencias capitalistas de occidente, merced a sus políticas imperialistas,
exportaban sus contradicciones de clase a la periferia. Las plusvalías
extraídas de las colonias servían para apaciguar los ímpetus de rebelión de las
clases trabajadoras metropolitanas. Por lo tanto la cadena se rompería en sus
eslabones más delgados, en las colonias oprimidas por las potencias europeas.
Lenin no sólo predijo este
corrimiento de la revolución hacia la periferia, sino que diligentemente lo
llevó a la práctica, en Rusia. El comunismo se impuso entonces en países que
siempre fueron despóticos aunque tuvieran cierto grado de desarrollo
industrial, pero que no habían pasado por la experiencia de la democracia
burguesa.
Lenin estaba proponiendo,
y logrando, saltear una de las etapas de la historia. ¿Por qué someter al
proletariado a sufrir la etapa de acumulación del capital bajo la opresión
burguesa, cuando se podía realizar bajo el socialismo? En cuanto se propagara
el comunismo en todo el mundo, esa discreta zancadilla a la Historia quedaría
relegada al anecdotario de la
Revolución.
Quienes advirtieron que
construir el “socialismo científico” en un país atrasado y despótico era
repartir la pobreza y una invitación al autoritarismo, fueron excomulgados de
la secta por falta de fe y convicción revolucionaria. Tan grandioso era el
paraíso prometido y tan poderosa la fe, que nadie hizo caso a los nuevos herejes.
El propio Marx había
previsto una etapa de transición que
debía durar apenas el tiempo que llevara destruir el capitalismo. Se llamó la
“dictadura del proletariado”, y consistía precisamente en desmantelar el estado
burgués, su ejército, sus leyes de explotación, su prensa, su ideología, en
fin, su aparato global de dominación.
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| stalin |
Una vez muerto el dragón,
la dictadura del proletariado se iría extinguiendo hasta formarse una
asociación libre de productores y consumidores en la sociedad comunista sin
clases.
Pero la Historia también enseñaba
que la clase a derrocar se defendería con extrema violencia. En efecto, el
capitalismo amenazado de muerte por la nueva religión, se defendió con uñas y
dientes y difamó, cercó, saboteó, atacó a los países comunistas y persiguió,
encarceló, torturó y fusiló a centenares de miles de revolucionarios en sus
metrópolis y en sus colonias, y logró detener el avance del comunismo. La Historia , deidad
caprichosa al fin, no había entregado todos sus designios, o no estuvo de
acuerdo con que el proletariado se salteara por su cuenta el obstáculo final:
la etapa democrático burguesa.
El cerco capitalista
obligó a las dictaduras del proletariado a prolongarse indefinidamente. El
Estado totalitario, lejos de extinguirse, ocupó todos los órdenes de la
sociedad y consolidó en el poder una nueva clase, la burocracia del Partido.
La dictadura que debía ser
provisoria se institucionalizó en forma de Iglesia, con sus textos sagrados (El
Capital), sus intérpretes infalibles: Lenin, Stalin, Mao, Fidel, quienes por ser los primeros en conducir la
secta al poder, adquirieron estatura de héroes mitológicos, y sus escritos y
discursos pasaron a formar parte del credo en cuestiones de filosofía, de
táctica y estrategia, de normas de ética y conducta, con la autoridad
fundamentalista que emanaba de su rol de apóstoles.
Así la experiencia de la
lucha de Lenin entre la caída del Zar y la dictadura de los Soviets quedó
incorporada a la doctrina general como texto sagrado. La simplificación
histórica de atribuir el rol protagónico de la lucha de clases solamente a la
burguesía y el proletariado, y el consiguiente desprecio por las clases medias,
reforzó el papel mesiánico de una minoría iluminada y acentuó el desdén de los
comunistas por la etapa capitalista democrático-burguesa.
Este fue el tercer
elemento irracional más notable del leninismo. En la doctrina había quedado explícitamente establecido que el
partido comunista (como representante del proletariado) se avendría a aliarse
con las clases medias, reconociendo por fin su importancia para luchar contra
la gran oligarquía y el imperialismo, y recorrer juntos la etapa democrático
burguesa. Lo notable es que la doctrina también estableció que la etapa democrático-burguesa
podía y debía ser lo más corta posible, algunos años como en
Rusia y Cuba. Esto fue una típica ironía postmodernista, donde la clase media fue
invitada a luchar contra el sistema capitalista, pero haciéndole saber de
antemano que a mitad de camino sería hecha a un lado por la revolución
socialista: en el fragor de la lucha los marxistas instaurarían la dictadura
del proletariado y someterían a las clases medias que habrían sido sus
compañeras de ruta.
Esta extraordinaria
paradoja, (que merece una reflexión más pormenorizada), jamás fue objeto de
discusión en el seno de la nueva Iglesia, y el fracaso sistemático de los
frentes populares y las coaliciones electorales para construir el socialismo,
se atribuyó una vez más a la inconsistencia de las clases medias, al sabotaje
enemigo, al cerco capitalista, pero nadie se animó a señalar la inmoral
falacia.
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| fidel |
Los crímenes de Stalin, la
invasión de Hungría, la destrucción de la cultura tibetana, la invasión de
Praga, la Revolución
cultural china, la invasión de Afganistán, el fracaso económico, político y
cultural de los países comunistas terminaron por convencer a vastos sectores
sociales en todo el mundo, que el sacrificio no valía la pena. En la década de
los ochenta, el socialismo científico como religión secular entró en agonía.
El vacío político y
espiritual dejado por la muerte de la religión marxista que duró cien años, fue
rápidamente ocupado por las antiguas religiones tradicionales. Las etnias y
nacionalidades del pasado rebrotaron en renovada búsqueda de identidad, el
capitalismo recobró su segunda pujanza en la cuenca del Pacífico, y el
socialismo intenta recobrar su ideal democrático y libertario en los propios
países donde se encarnó.
CONCLUSIONES
El marxismo-leninismo se presentó como
sociología científica, en el marco del modernismo y la fe en el progreso lineal
de la Historia
pero albergando en su seno fuertes elementos utópicos mezclados con fundamentos
racionales, y dispuesto a desplazar a las religiones. Se adoptó, popularizó,
divulgó como una nueva religión, con sus textos sagrados, sus profetas, su
Iglesia, su comunidad de creyentes, mártires, templos, códigos de conducta,
excomuniones, todo gobernado por una nueva entidad metafísica: La Historia.
Sus elementos de fe más notables y que
condujeron a su extraordinario desarrollo, pero también a su decadencia,
fueron:
-La creencia de que con el comunismo
vendría el fin de la lucha de clases por los siglos de los siglos.
-La creencia de que mediante la
dictadura del proletariado era posible construir el comunismo en países
pobres salteándose la etapa histórica de
la democracia burguesa.
-La creencia de que se podía invitar a
las clases medias a recorrer ese camino y después hacerlas a un lado.
En cuanto el capitalismo resistió el
ataque y obligó a los primeros países comunistas a prolongar la dictadura del
proletariado, el comunismo entró en su fase apocalíptica, cometiendo todo tipo
de atropellos y abusos que aceleraron su caída como paradigma político
religioso.
Artículo
publicado en “Z”, de Uruguay, en enero de 1990







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