jueves, 19 de marzo de 2015

MADURO Y SENDIC

                       publicado en Búsqueda el 19/03/15 en cartas de los lectores

            Cuando Fidel Castro se proclamó marxista  leninista en 1961 dijo que las ideologías eran como un cristal de colores a través del cual uno mira la realidad. Nada más cierto: ese año cientos de estudiantes veinteañeros nos anotamos como voluntarios  para ir a pelear contra el Imperio si ocurría una invasión de marines a gran escala.


            Las ideologías son como las religiones, tienen un sistema de creencias, textos sagrados, profetas y mártires, y una inquebrantable fe en un futuro milenario de redención. Pero hoy en día ideologías propiamente dichas hay solamente dos: el marxismo con su fe inquebrantable en las virtudes redentoras del Proletariado, y el liberalismo con su fe inquebrantable en las bondades  del Mercado. Ninguna de las dos existe en estado puro. Es probable que la Socialdemocracia sea una tercer  ideología o quizás un mix de las otras dos, pero carece del glamour arrebatador que tienen la derecha y la izquierda netas. No pertenecer a ninguna de las dos es como ser hincha de Central Español en la Amsterdam en un día de clásico Nacional y Peñarol. Los que hemos tratado de desembarazarnos de ideologías y pensar libremente,  creemos que ninguna es capaz de resolver por sí sola los problemas de la sociedad actual. En materia de educación, a la derecha liberal solo se le ocurre repartir “vouchers” para que los niños pobres vayan a las escuelas de los ricos. A la izquierda marxista solo se le ocurre aumentar el presupuesto para seguir con la misma cantilena anticapitalista. En materia de derechos humanos la izquierda sudamericana liderada por Venezuela sueña con arrasar con la prensa liberal, el Poder Judicial independiente y un Parlamento arisco.  La gran potencia del norte, líder de la ideología liberal, tortura presos políticos en cárceles foráneas, arroja bombas aquí y allá sin ton ni son, y además pontifica sobre  los derechos humanos para el mundo entero.


            Los que tratamos de ver la realidad sin lentes de colores, le hemos advertido desde hace años a nuestros ex compañeros de ruta, que el compañero Chávez era tan peligroso como un elefante en una cristalería, y que su heredero era como un mono con metralleta. No hicieron caso, claro, siguieron embobados con el chavismo, pues así funcionan las ideologías, y hoy se sorprenden porque el inefable Maduro califica de cobarde y adulador de los Estados Unidos a  Sendic,  solamente por decir que carecía de pruebas sobre la intervención yanqui en los asuntos de Venezuela.  Si Maduro trata así al vicepresidente de un país amigo, no quiero pensar en cómo trata a los presos políticos y opositores que quieren sacarle la metralleta.
            Lo que me impide hoy anotarme para ir a defender a Venezuela de una invasión yanqui (más que la artrosis), es una larga y dolorosa experiencia en líderes providenciales,  utopías totalitarias e ideologías  del progreso.            


 Daniel Heide,

           


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